Pues resulta que, detrás de la presumible tragedia que supone la muerte (para la gran mayoría) de un humano, va y se le queda esta cara.
Se ríe!
Los huesos de tu cara, cuando tú te mueras, permanecerán eternamente con una risita, rollo Gioconda, pero más chunga... Como de que has ganado la mano teniendo dos mierdas de cuatros, you know...
No es que me entren ganas, pero vamos, que te anima a levantarte a las siete y veinte para ir a currar... Que se jodan todos cuando me vean! Lástima que el rigor mortis no se centre en el dedo medio de mi triste mano muerta, dedicando un gran fuck you! a todos esos mamomes chicharreros que me están chingando la existencia!!!!!! (Fonollosa y Pla dixit).
Esto da para cien canciones tristes, otras tantas alegres, un comentario de Bronson o mil mierdas... Pero el hecho cierto es que, cuando nos morimos, nuestra cara se ríe. A tomar por culo milenios de religiones! A tomar por culo el duelo y las cadenas emocionales! Que le den por el culo a la poesía! Dios se ha blanqueado el ano... Bueno, dios no lo sé, pero la Obregón fijo, que me lo dijo el otro día el Moro. Qué grande la Obregón!
Y el Moro.

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